La nostalgia de Stranger Things, desde la música hasta el manubrio

Haber conseguido que un grupo de niños y jóvenes nerds fueran los héroes de la historia y de muchos seguidores que se reflejaban en ellos y ellas, fue un logro de la serie de Stranger Things. Su final fue a la par del 2025: su último episodio se lanzó el 31 de diciembre y muchos corrimos a verlo antes de dar el abrazo.

Como muchas producciones, el final no convenció a todos, y aun así nos dejó una profunda nostalgia, debido a que nos recordó un pasado que ni siquiera vivimos, pues sin siquiera haber vivido en los ochentas, a muchos nos recordó cuando de niños paseábamos en bicicleta con nuestros amigos dando vueltas en las calles del barrio, o cuando visitábamos las plazas comerciales después de la secu.

A través de esta nostalgia pudimos reencontrarnos con una parte de nosotros que quizá ya habíamos olvidado. Desempolvar y mandar a arreglar esa bici que teníamos olvidada al fondo del cuarto fue la catarsis de ese reencuentro. Pero la modernidad nos impacta con una nueva necesidad: entrarle al mundo de la bici implica un gasto excesivo para acceder a ella.

Pero no solo aplica para el ciclismo, para ir al yoga también debemos conseguir el mat que evita resbalos, además de la ropa más adecuada que reduzca el sudor y así poder alcanzar el samadhi a través de los $500 por clase. Asimismo, para salir a correr —una actividad tan humana que al parecer no exigiría tanto— se necesita un calzado especial hecho a la medida de tu pie y de tu zancada, además de geles para no perder energía, sin olvidar el outfit a la moda que aligera el cuerpo y permite guardar tu cel para las selfies después de la carrera.

Es cierto que no estamos obligados a comprar todos estos accesorios, pero parece que los necesitamos para realizarla correctamente. El acceso a estas actividades ya no está mediado únicamente por el precio de las clases sino también por la necesidad de conseguir los mejores productos. Asimismo ensancha la brecha de clases sociales evidenciando a quienes logran realizarla “correctamente” y quienes no.

Esta rara la cosa y parece que ya también perdimos esta batalla contra el neoliberalismo, pero quizá podemos resistir desde la necedad de hacerlo porque sí. En vez de dudar en Should I Stay o Should I Go al yoga, a correr o a rodar sin tener todo lo necesario, sería mejor hacerlo a la brevedad como lo hicimos en su momento durante nuestra juventud y rodar hacia cualquier lado, ya sea a la tienda que está a media cuadra o hasta Tlalpan para estrenar la ciclovía.

Así podremos combatir esa nostalgia que nos deja el cierre de esta serie que inició desde el 2016. Solo que ahora, teniendo en cuenta que el enemigo no es el Vecna, el Demogorgon y los demodogs, sino la ideología neoliberal que nos exige actividad y cuidado físico, al mismo tiempo que condiciona su acceso. No olvidemos la bocina a todo volumen con nuestra música favorita para que no nos lleven al upside down.

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