Después de concluir las festividades decembrinas, aún permanece una fecha que marca el cierre del periodo: el Día de Reyes o Día de los Reyes Magos, que se celebra el 6 de enero y corresponde a la festividad de la Epifanía, una fecha que conmemora la manifestación de Jesús ante los Reyes Magos.
El origen de la Rosca de Reyes se remonta a la Edad Media, alrededor del siglo XIV, en países europeos como Francia y España. Con el paso del tiempo, esta tradición llegó al continente americano durante el periodo de la Conquista, integrándose a las expresiones culturales del territorio que hoy conforma México.
La forma circular del pan posee un fuerte significado simbólico, ya que representa la eternidad, la continuidad y el amor infinito de Dios. Este elemento se vincula directamente con las creencias religiosas cristianas relacionadas con el nacimiento de Jesús.
La celebración está estrechamente ligada al relato bíblico de los Reyes Magos: Melchor, Gaspar y Baltasar, quienes, según el Evangelio de Mateo, siguieron una estrella desde Oriente hasta Jerusalén para rendir homenaje al niño Jesús con oro, incienso y mirra.
Vladimir Barra Hernández, coordinador de la licenciatura en Administración Turística y de la Hospitalidad de la Universidad Iberoamericana Puebla, señala que la rosca de Reyes es una tradición que combina elementos religiosos, gastronómicos y culturales.
El especialista detalló que el impacto en la sociedad es tal que al año se llegan a vender hasta 4 millones de roscas, lo que implica ingresos de 2 mil 250 millones de pesos.
Barra Hernández indicó que la forma redonda de la rosca ha sido interpretada de dos maneras principales: para algunas personas simboliza la corona de los Reyes Magos; para otras, el amor eterno de Dios.
Los frutos secos y dulces cristalizados que la adornan representan las joyas de una corona real, otorgándole un valor simbólico que acompaña a su elaboración tradicional.
En su interior se esconden las figuras del niño Jesús. Quienes lo encuentran al partir la rosca asumen el papel de madrinas o padrinos, una responsabilidad que en la cultura mexicana implica vestir al Niño Dios y llevarlo a la iglesia para su bendición el Día de la Candelaria; y, por supuesto, compartir tamales el 2 de febrero.


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